DIARIO DE VALLADOLID, MARTES 18 DE MARZO DE 2003

VALLADOLID

Los abuelos y sus viejos aperos

Una exposición en el Colegio Fray Luis de León recoge las estampas cotidianas del medio rural de mediados de siglo pasado

F. MARTÍN

VALLADOLID— Zoqueta, gario, bieldo, azuelo, gavilla. Todas están en el diccionario, aunque su tiempo ya pasó. La zoqueta, un pequeño apero de labranza hecho en madera con el que los segadores se cubrían los dedos de la mano izquierda (si el segador era diestro) para evitar cortes con la hoz, dejó de utilizarse hace ya muchos años, con la mecanización del campo. El mismo camino, el del olvido, siguió el bieldo, apero consistente en un mango de madera terminado en un palo transversal con cuatro dientes, utilizado para lanzar la paja al aire y así separar el grano.

Hoy, cuando una cosechadora realiza en apenas unas horas el trabajo que antes les costaba, con mucho sudor, una semana a una cuadrilla de segadores, los bieldos, las zoquetas o los carros, aunque sean en miniatura, como es el caso, han pasado a convertirse en objetos de exposición, como la que ayer se inauguró en el Colegio Fray Luis de León, en el barrio de Delicias, bajo el título «La vida de nuestros abuelos».

La muestra recoge veinte años de trabajo de Dámaso Bayón, un segoviano de 72 años -nació en Moraleja de Cuéllar, provincia de Segovia, aunque está afincado en Valladolid- que fue «cacharrero» un su juventud y que al llegar su jubilación decidió tallar en madera aperos y escenas cotidianas del trabajo en el medio rural de principios de siglo. Quería, según dijo ayer este ex vendedor de cacharros metido a escultor de estampas rurales, «que se recuerde cómo se trabajada antes, el esfuerzo que realizaron los abuelos, cuando no había de casi nada».

foto4.jpg (355728 bytes)Estampas agrarias

Fruto de estos veinte años de trabajo son las decenas de figuras que representan estampas con las tareas agrícolas que se realizaban en el campo antes de la llegada del tractor: desde la siembra con el viejo arado romano, hasta la siega con la hoz y el posterior traslado de los haces con carros tirados a mulas -los agricultores menos pudientes tenían que conformarse con burros- hasta la era, donde las espigas se pasaban a trillo para extraer el grano.

No olvidar las raíces

«Queremos que nuestros alumnos no olviden las raíces», dijo el director del centro. Jesús Salgado,

durante el acto de inauguración, al que acudió el portavoz socialista en el Ayuntamiento, Ángel Velasco.

Algunos, pocos, de los alumnos que ya habían visitado la exposición por la mañana repitieron por la tarde. «Muy bonito» , dijo Marta Fernández, alumna del centro al contemplar las pequeñas figuras de madera, aunque no tuvo reparos al admitir que el mundo reflejado en las figuras de Dámaso Bayón el resultaba desconocido por completo.

Salvo excepciones, el público que acudió a la inauguración oficial -por la mañana hubo un pase para los escolares- estaba compuesto por personas de edad avanzada, muchos de ellos usuarios en su mocedad de los aperos que ayer contemplaron en miniatura.

«Los jóvenes de hoy no saben el esfuerzo y el sacrificio que ha dado todo lo que se ve aquí», comentó Francisco Muñoz, de 68 años. Agricultor en su juventud. «la siega era lo peor» recordó ayer, para rectificar de inmediato y señalar que «todo era malo y además estaba muy mal pagado».

Absorto ante una escena que representa un agricultor arando, Juan Manuel Cañas recordó sus años de «herrador de burros y mulos », allá por los años 50. Los burros, a 3 pesetas la herradura, los mulos, a un duro por pata. Eran, evidentemente, otros tiempos.

 

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